¿Cuánto contamina la huella de carbono en los coches eléctricos?

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Ante la pregunta «¿qué contamina más, un coche de gasolina o uno eléctrico?» la mayoría de conductores lo tienen claro: el primero emite más cantidad de CO2 a la atmósfera y tiene peores repercusiones para el medio ambiente. Sin embargo, hay quién también sostiene que, a pesar de que los coches eléctricos no expulsan dióxido de carbono mientras circulan, el proceso de fabricación de las baterías de litio con que están fabricados es altamente contaminante, de modo que no es cierto que emitan cero emisiones por completo. Si te interesa este debate y quieres conocer el impacto de uno y otro modelo de coche en el planeta, en este artículo de Wikidriver te explicaremos cómo calcular la huella de carbono de los automóviles y qué impacto tienen en el medio ambiente.  

Conceptos básicos: ¿qué es la huella de carbono? 

Hace ya tiempo que las autoridades, las ONG ecologistas y los medios de comunicación alertan de la necesidad urgente de reducir la huella de carbono para luchar contra el cambio climático, no solo la que emitimos individualmente con nuestras acciones, sino también la derivada de las diversas actividades industriales (entre ellas, la industria automovilística). Pero, ¿qué es exactamente la huella de carbono? Este concepto hace referencia al total de gases de efecto invernadero (GEI) que produce una persona a lo largo de su vida, ya sea en un producto de consumo o en una empresa u organización; podríamos decir que es una medida para cuantificar el impacto ambiental de la actividad humana, es decir, la huella que dejamos en el planeta tras nuestro paso.  

Aplicado al sector de la automoción, la huella de carbono es un indicador de cuánto contamina un vehículo a lo largo de su vida útil, desde que se fabrica hasta que se lleva al desguace. Calcular cuánto contamina un coche eléctrico o uno con motor de combustión es una cuestión altamente compleja ya que en el cómputo intervienen muchos factores. Para empezar, en este proceso se incluyen todas las etapas de la cadena de producción del vehículo: extracción de la materia prima, fabricación y transporte de los materiales y múltiples piezas a la fábrica, además de transporte del centro de producción al concesionario; una vez un coche es fabricado y vendido, también hay que calcular los GEI producidos durante su vida útil (circulación y operaciones de mantenimiento del coche, como la sustitución de los neumáticos y otros elementos) y, finalmente, su eliminación. En mayor o menor medida, a lo largo de estas diversas etapas se emiten gases contaminantes a la atmósfera, algunos de forma directa y, otros, de forma indirecta. Dentro de las emisiones indirectas, debemos señalar las que produce el personal que trabaja en la industria automovilística (por ejemplo, desplazándose hasta los centros de producción o a los concesionarios) y otras derivadas de operaciones logísticas. 

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La huella de carbono en un coche eléctrico vs. uno de gasolina 

Si bien cuando un coche eléctrico circula no emite gases contaminantes, esto no significa que no cause ningún impacto medioambiental, ya que los vehículos que funcionan con baterías también contaminan. Veamos cómo: para empezar, producir un coche eléctrico tiene altas repercusiones para el planeta ya que la cantidad de emisiones generadas en el proceso de fabricación es claramente superior que las que se generan al confeccionar un coche de gasolina o diésel de igual tamaño y potencia. ¿Concretamente, cuánto contamina fabricar un coche eléctrico? Pues más del doble que un coche con motor térmico: producir un vehículo eléctrico de 39 kWh implica la emisión de casi 13 toneladas de CO2, frente a las 5,5 toneladas de un coche de gasolina. Conscientes del impacto ambiental que conllevan sus procesos de fabricación, los grandes fabricantes del sector automovilístico hace tiempo que llevan a cabo estudios para evaluar el impacto de sus procesos productivos y poder tomar medidas al respecto. Así, en 2019 Volkswagen realizó un estudio comparativo para medir la huella de carbono que generaban dos de sus destacados modelos: el ID.3 eléctrico y el Volkswagen Golf de última generación con motor de gasolina y diésel. Tras analizar varios parámetros, la firma germana concluyó que mientras el Volkswagen ID.3 emitía 13,7 gr/km de CO2, el Golf de gasolina lanzaba 6,8 gr/km y el diésel, 7,1 gr/km. En su estudio, también subrayó que el elemento más contaminante del proceso de fabricación era, sin duda, las baterías de iones de litio que alimentan al motor eléctrico (43,25%), seguidos de la producción de piezas de acero (18,38%) y otros componentes (14,01%).  

¿Cuánto contaminan los vehículos eléctricos? 

Con estos datos en mano, la balanza parece decantarse hacia los coches con motor de combustión como vehículos menos contaminantes, pero a partir de este momento (es decir, tras la fase de producción y entrada en circulación), la situación cambia: mientras que un motor térmico consume carburante fósil y expulsa pequeñas partículas nocivas a la atmósfera a través del tubo de escape, uno eléctrico no lanza ningún tipo de emisiones contaminantes ya que funciona a base de baterías. Sin embargo, necesita electricidad para funcionar y si esta no es producida con fuentes renovables (parques eólicos, hidráulicos o fotovoltaicos) sino que procede de fuentes fósiles, también se expulsa CO2.. Podemos decir que, si bien el vehículo genera cero emisiones contaminantes mientras circula, el proceso para generar la electricidad que necesita para funcionar sí que expulsa dióxido de carbono, excepto que proceda de fuentes renovables. 

Según el mismo estudio de Volkswagen, se estimó que un coche diésel emite 140 gr/km de CO2  de media a lo largo de su ciclo de vida útil (es decir, desde que se fabrica hasta que entra en circulación y repone la energía que utiliza), mientras que un eléctrico expulsa 119 gr/km. En caso de que la electricidad necesaria para repostar el vehículo procediera únicamente de fuentes renovables, las emisiones se reducirían sustancialmente hasta tan solo 2 gr/km.  

Esfuerzos de la industria automovilística para reducir la huella de carbono 

¿Pero cómo podría reducirse aún más las emisiones de CO2. de los vehículos eléctricos? Desde Volkswagen apuntan a la reducción del uso de ciertos materiales como el cobalto, principales responsables de buena parte de las emisiones de GEI en la producción de baterías. También señalan el impulso que están recibiendo las fuentes renovables en los últimos años (hecho que permitiría alimentar a los vehículos produciendo cero emisiones reales) y la mejora en los procesos de reciclaje de las baterías, que permiten reaprovechar cada vez más cantidad de los materiales que las conforman y que supondrían reducir otro 25% la contaminación indirecta de los vehículos eléctricos. 

Pero la industria automovilística no solo centra sus esfuerzos en reducir el impacto ambiental de sus modelos eléctricos, sino que, también apuesta por nuevas fuentes energéticas para los vehículos de combustión, como los ecocombustibles, y por el reciclaje de ciertos componentes aplicando los principios de la economía circular, reutilizando los neumáticos, la chapa y materiales como el acero y los metales. De este modo, se mejora la eficiencia de los vehículos y se reducen las emisiones de GEI, hecho que se traduce en coches más sostenibles. Para comprobar la eficiencia energética de un coche, podemos consultar el distintivo ambiental, que nos dará información sobre cuánto contamina nuestro vehículo. 

Conclusiones 

Resumiendo, si bien el volumen de emisiones de un coche eléctrico es más del doble respecto a uno de gasolina o diésel durante su proceso de fabricación (especialmente, debido a la contaminación derivada de producir baterías de litio), durante la vida útil la balanza se decanta hacia el coche eléctrico, ya que contribuye a reducirlas en más de la mitad. Además, el mantenimiento de un vehículo de baterías es mucho menos costoso (tanto para el medio ambiente como para nuestros bolsillos), de forma que, a día de hoy, el modelo de coche más respetuoso con el planeta es el eléctrico, a la espera de lo que pueda depararnos la industria automovilística en los próximos años.