3 rutas para escaparse en Semana Santa

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Como es costumbre, en Semana Santa muchas personas cogen el coche para aprovechar los días de vacaciones y romper con la rutina descubriendo nuevos lugares al volante. Pero, ¿cuál escoger?: ¿ciudad o montaña?, ¿turismo de aventura, cultural, gastronómico, de naturaleza, enoturismo? Las opciones que brinda la geografía española son inacabables, tantas como tipos de viajeros y aficiones. En este artículo de Wikidriver te propondremos tres viajes para Semana Santa por España y te daremos consejos para hacer viajes con amigos en coche. Así que, ¡toma nota, prepara tu maleta y llena el depósito! 

Aunque, afortunadamente, parece que las restricciones por la pandemia se han relajado y los viajes internacionales empiezan a recuperarse, lo cierto es que a la hora de disfrutar de las fiestas de Pascua muchos españoles prefieren optar por el turismo de proximidad. A continuación, hemos seleccionado tres destinos que te enamorarán por su belleza y que vale la pena visitar con el buen tiempo de la primavera, antes de que lleguen las altas temperaturas veraniegas: 

1. El Congost de Mont-rebei, con un pie en Cataluña y el otro en Aragón 

Para los aficionados a la naturaleza, los deportes al aire libre y el avistamiento de aves, este desfiladero es, sin duda, uno de los lugares más espectaculares de la Península. Situado entre Cataluña y Aragón, el congost de Mont-rebei corta de norte a sur la sierra del Montsec, la primera gran formación de los Prepirineos catalanes, ofreciendo un escenario de imponentes acantilados de hasta 500 metros, aguas turquesas y frondosos bosques repletos de flora y fauna autóctona.  

En el congost de Mont-rebei encontramos rutas de dificultad variable, desde recorridos sencillos y cortos para disfrutar en familia, hasta itinerarios más exigentes y largos para senderistas habituales, sin olvidarnos de la conocida y espléndida ruta de las pasarelas de Montfalcó. La ruta corta (10 km) es la más adecuada para hacerla con niños ya que evita las partes más difíciles del recorrido (pasarelas), mientras que la larga (16,8 km) incluye el mismo recorrido que la corta y una fuerte ascensión hasta las pasarelas de Montfalcó, donde los amantes de las emociones fuertes podrán subir y bajar por estrechas escaleras clavadas directamente en la pared de la roca. En ambos recorridos se atraviesan los puentes colgantes del barranco de Sant Jaume y del Sigué, no aptos para personas con vértigo, y se atraviesa el cañón por la senda horadada en la roca. En algunos puntos del recorrido, pueden admirarse vestigios neolíticos en cuevas excavadas en la roca y contemplar el maravilloso paisaje desde numerosos miradores y puntos de descanso.  

También se recomienda visitar la ermita románica de la Mare de Déu, con preciosas vistas del embalse de Canelles, y la muralla china de Finestres, quizás menos conocida que el congost de Mont-rebei, pero igualmente espectacular. La muralla (cuyo nombre real es Roques de la Vila) es una especie de gigantesca cresta de paredes verticales y roca caliza que emerge de las tranquilas aguas turquesas. Esta impresionante formación geológica se remonta al Cretácico Superior y fue el resultado del movimiento de las placas tectónicas.  

Si, en lugar de recorrer estos espléndidos lugares a pie preferimos hacerlo por agua, podemos seguir el curso del serpenteante río Noguera Ribagorzana en catamarán, lancha a motor o en en piragua. Otras opciones son la escalada, la bici de montaña (hay varios itinerarios) o el globo para los más atrevidos.

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2. Cerezos en flor en el valle del Jerte: naturaleza en todo su esplendor 

Otra de las escapadas para Semana Santa que proponemos es visitar el valle del Jerte, en Extremadura, para admirar los cerezos en flor. En primavera, los más de un millón y medio de cerezos regalan una imagen de postal que atrae a centenares de visitantes, cubriendo el paisaje con un gran manto blanco y perfumando el ambiente con un aroma delicioso. Los cerezos están dispuestos en decenas de terrazas para adecuarlos al cultivo de sus frutos y no florecen siempre en una fecha exacta, sino que puede variar en función de las condiciones meteorológicas. Habitualmente la floración suele producirse entre el 20 de marzo y el 10 de abril y dura unos 10 días. Tampoco florecen todos a la vez, sino que primero lo hacen los que están en las zonas más bajas, a menor altitud, y después los que están en el resto de zonas, terminando por los cerezos situados en cotas más altas.  

Lo ideal para admirar el espectáculo que ofrecen estos árboles frutales es hacer un recorrido en coche por los varios pueblos que componen el valle del Jerte, declarado Bien de Interés Cultural. Evidentemente, admirar la floración de los cerezos y participar en la «Fiesta del cerezo en flor» (declarada fiesta de Interés Turístico Nacional) es el atractivo principal del viaje, aunque nos servirá de excusa para descubrir esta comarca y acercarnos a las interesantes costumbres, gastronomía y arquitectura extremeñas. Por ello, os proponemos una ruta circular en coche de unos 50 km, partiendo de Valdastillas, pasando por Piornal, Barrado, Cabrero, Casas del Castañar, El Torno y finalmente, Rebollar. En todos estos pueblos podremos admirar su bonita arquitectura popular, caracterizada por pronunciadas calles, laberínticos callejones y casas tan singulares como las Casas del Canchal de Rebollar, construcciones de madera con extensos balcones que, al estar construidas sobre enormes moles de granito, parecen casas colgantes. También destacables son las chozas de El Torno, antiguas casas pastoriles de piedra, y las numerosas ermitas e iglesias esparcidas por toda la región. El valle del Jerte también cuenta con impresionantes vistas a la sierra de Gredos (Valdastillas es conocida por ser un magnífico mirador de la zona) y piscinas naturales repartidas en varios puntos del valle, como la Garganta del Rabanillo en Cabrero o la Garganta del Nebillo en El Torno, entre otros atractivos.  

3. Ruta por la costa de Cantabria: la simbiosis perfecta entre el mar y la montaña 

La tercera de las rutas para Semana Santa que te proponemos en este artículo nos lleva a recorrer la costa cántabra, concretamente, a explorar seis poblaciones singulares desde el extremo más occidental del litoral al más oriental. Se trata de un recorrido repleto de magníficos parajes naturales, buena gastronomía, interesantes propuestas culturales y visitas a destacados monumentos arquitectónicos. Y es que, a pesar de sus reducidas dimensiones (es la quinta comunidad autónoma con menos superficie), Cantabria aúna tantos atractivos que en seguida cautiva al visitante.  

Empezaremos la ruta en la Península de Pechón, situada en la parte oeste de Cantabria. Aunque es un lugar poco conocido, es uno de los parajes más bonitos de la costa cántabra, con playas vírgenes, aguas turquesas y frondosos bosques que parecen querer sumergirse en el mar. Uno de los mejores sitios para admirar este impresionante escenario es el mirador de Pechón, desde donde podemos contemplar la desembocadura del río Nansa en aguas del Cantábrico. También recomendamos pasear por sus numerosas playas de aguas bravas, como la playa de Las Arenas, Aramal, Amio o Berellín, entre otras y, para los aficionados al senderismo, seguir el curso del río caminando entre Muñorrodero y Camijanes. Seguimos la ruta hacia San Vicente de la Barquera, sin duda, una parada obligatoria en este viaje. Enclave marítimo estratégico en los siglos XV y XVI, su centro histórico y calles empedradas nos remontan a épocas pasadas, con numerosos ejemplos de arquitectura medieval como el castillo del Rey, la torre del Preboste, el antiguo hospital de la Concepción o la Iglesia de Santa María de los Ángeles. Vale también la pena pasear por sus playas y recorrer el puente de la Maza del siglo XV (considerado uno de los más grandes del Reino de Castilla), además de deleitarnos en el parque natural de Oyambre y su fantástica playa.  

Después de San Vicente de la Barquera nos vamos a Comillas, localidad que destaca por su rico patrimonio artístico y cultural con joyas modernistas como la obra El Capricho, de Antonio Gaudí, el palacio de Sobrellano y su capilla-panteón, la Universidad Pontificia y numerosas casas indianas rodeadas de señoriales jardines, testimonios de los tiempos de bonanza de los emigrantes que se enriquecieron en América en el siglo XIX. Seguidamente continuamos hacia las Cuevas de Altamira, donde podremos admirar el máximo exponente del arte rupestre de la Península, y Santillana del Mar, con la preciosa colegiata de Santa Juliana y su claustro de finales del s.XII. La siguiente parada de nuestro recorrido es Santander, donde podremos respirar la brisa marina en su magnífica bahía y la famosa playa del Sardinero, además de admirar el precioso y jardines de la Magdalena, en lo alto de la península en un extremo de la bahía. También es altamente recomendable pasear por su refinado casco histórico, adentrarse en los jardines de Pereda y visitar sus principales monumentos arquitectónicos. 

Finalizaremos nuestro viaje en Castro Urdiales, a tan solo diez minutos de la frontera con el País Vasco. Para no perder tiempo buscando aparcamiento en el centro y poder disfrutar de la última localidad de nuestra ruta, recomendamos dejar el coche en el parking público Saba. Situada en una península rocosa, Castro Urdiales ofrece una deliciosa panorámica al visitante con el puerto y sus barcos, el puente medieval de fondo, y la iglesia de Santa María de la Asunción y el castillo de Santa Ana dominando la parte alta del conjunto. Para para poner punto y final al viaje, no hay que olvidar pasearse por su famoso rompeolas, muy frecuentado por los castreños, y disfrutar de una buena comida a base de excelentes pintxos, marmitako, anchoas en vinagre o jibiones en su tinta.