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¿Qué es la «ciudad 15 minutos»? Otro modelo urbanístico es posible

Diseñar la ciudad perfecta no es tarea fácil. A la hora de proyectarla,  planificadores y arquitectos urbanos deben tener en cuenta muchas variantes, como la inclusión ciudadana, la cobertura de distintos servicios (educativos, sanitarios, sociales y culturales), la conectividad y acceso a las nuevas tecnologías parta garantizar la igualdad de oportunidades y el diseño de una sólida red de transporte público, entre otras, y todo bajo el prisma de la sostenibilidad. Es precisamente este último factor el elemento definitorio de la ciudad 15 minutos, una urbe descentralizada en la cual los ciudadanos disponen de todos los servicios básicos a 15 minutos a pie o en bicicleta. En este artículo de Wikidriver te contaremos en qué consiste este modelo urbanístico que ya se está aplicando a algunos lugares del planeta como París, Melbourne y Portland. ¿Nos acompañas? 

Situar al ciudadano en el centro de la transformación urbana 

Estamos acostumbrados a las ciudades monocéntricas, es decir, aquellas estructuradas entorno a un núcleo urbano y una periferia a su alrededor. Esto comporta el desplazamiento diario de muchos ciudadanos en transporte público y privado para trabajar, estudiar o acceder a servicios ubicados en el centro y, sobre todo, la pérdida de mucho tiempo en estos trayectos, lo que en el mundo anglófono se conoce como commute. Pero ¿y si desarrolláramos un modelo urbanístico que cambiara radicalmente esta concepción para poner en el centro a los ciudadanos y no a los vehículos? Es lo que preconiza la propuesta de «ciudad 15 minutos«, ideada y desarrollada por Carlos Moreno, experto en urbanismo y profesor de la Universidad-Sorbonne de París. Según él, en este modelo de ciudad la cercanía de los servicios facilita la vida y es útil a los ciudadanos. Todo debe estar cercano (oficinas, colegios, centros de salud, propuestas culturales, etc.), para no perder demasiado tiempo, la verdadera piedra angular de esta innovadora propuesta urbanística. De hecho, Moreno habla de «cronopatía» y «cronourbanismo», es decir, de un modelo de ciudad que toma el tiempo como elemento de medida y de mejorar la organización urbanística, en lugar de replicar pequeñas ciudades. La  «ciudad 15 minutos» del profesor Moreno fue galardonada el año pasado con el premio internacional Obel, que reconoce las mejores propuestas arquitectónicas del mundo en favor del desarrollo humano. El jurado destacó que el proyecto es «una compleja y ambiciosa estrategia urbana con un innovador enfoque pragmático». También subrayó la mejora de la salud y calidad de vida de los ciudadanos, sus principios de sostenibilidad, equidad e inclusión, y el impulso a la economía local.  

Repasemos los cuatro principios esenciales de la «ciudad 15 minutos»: 

– proximidad: todo debe estar cerca 

– diversidad: hay que hacer un uso mixto de los edificios y espacios para garantizar una diversidad de servicios urbanos, siempre de forma cercana 

– densidad: en cada área debe haber suficiente densidad de población para cubrir las necesidades de distintos tipos de negocio 

– ubicuidad: estos vecindarios deben estar repartidos por todo el territorio y ser accesibles económicamente para todos aquellos que quieran vivir en ellos 

Para Moreno, en lugar de urbes con barrios o distritos diferenciados para vivir, socializarnos y trabajar, debemos optar por asegurar estas tres funciones básicas en todos los barrios o «miniciudades». En la «ciudad 15 minutos», los ciudadanos no deben desplazarse a ningún centro urbano porque disponen de todos los servicios en el área en la que viven, sin necesidad de largos desplazamientos. 

Medidas para implantar la «ciudad 15 minutos» 

Pero implantar un modelo urbanístico como este no es fácil y requiere medidas concretas. Así, su ideólogo subraya dos conceptos básicos: la multifuncionalidad y la reutilización de espacios. Para poder ofrecer el máximo número de servicios y actividades a nivel local, hay que reutilizar las infraestructuras existentes, de modo que un edificio pueda albergar actividades distintas a aquellas para las que fue concebido originalmente. ¿Un ejemplo? Un espacio en desuso que se reaprovecha parta instalar un coworking (eliminando así la necesidad de muchos trabajadores de desplazarse a «la oficina del centro de la ciudad»), un colegio que abre los fines de semana para acoger actividades culturales, un pabellón deportivo que de noche se convierte en discoteca o cafeterías que actúan como academias de idiomas por las tardes, entre otros. 

Evidentemente, antes de poner en marcha este tipo de urbe policéntrica es necesario realizar un estudio minucioso sobre cuáles son las infraestructuras y servicios que los ciudadanos consideran básicos, ya que ellos son el centro de esta nueva propuesta.  

Otro elemento esencial en el desarrollo e implantación de la «ciudad 15 minutos» es la involucración de un gran número de agentes, desde la Administración pública, el sector privado, las asociaciones de vecinos, las ONGs, los emprendedores, los inversores, y los arquitectos y planificadores urbanos, entre otros. La aportación de todos ellos es clave para que el modelo sea plural y responda a las necesidades reales de los distintos perfiles poblacionales que componen la sociedad.

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Imagen interior: Extraída de la página web de 15minutecity (Micaël Dessin and Paris en Commun) 

Beneficios de la «ciudad 15 minutos» 

Este modelo urbanístico descentralizado conlleva una serie de beneficios a varios niveles, tales como: 

– disminución de las emisiones de gases contaminantes: el hecho de que los ciudadanos puedan acceder a todos los servicios a 15 minutos a pie o en bicicleta disminuye drásticamente el uso de vehículos públicos y privados y, con ello, la contaminación que estos generan 

– descentralización de servicios: este modelo urbanístico acaba con la concepción monocéntrica  en favor de una policéntrica, hecho que se traduce en la posibilidad de acceder a los mismos servicios en todos los barrios o distritos  

– reducción de la desigualdad: una ciudad descentralizada permite regenerar la cohesión ciudadana con múltiples servicios, ofreciendo las mismas oportunidades a todos sus habitantes, y reducir la segregación actual de las ciudades monocéntricas, en las que hay un centro rico y barrios periféricos más humildes 

– mejora de las condiciones de accesibilidad a la vivienda: una ciudad sin centro eliminaría la asociación «viviendas caras/núcleo urbano» y «viviendas baratas/extrarradio», garantizando las condiciones de accesibilidad a la vivienda y suprimiendo la especulación urbanística  

Ejemplos de ciudades que están intentando implantar este modelo 

Aunque la iniciativa también tiene sus detractores, en general ha recibido una fantástica acogida y varias urbes del mundo como Melbourne, Portland y París están trabajando para reimaginar y remodelar su paisaje urbano tomando los desplazamientos sostenibles a pie o en bici como eje de esta transformación. De hecho, precisamente el concepto de «ciudad 15 minutos» fue el núcleo de la campaña de la alcaldesa de París Ana Hidalgo, que fue reelegida el año pasado. Otras iniciativas urbanísticas similares son los condos (diminutivo de condominium, bloque de apartamentos o condominio) americanos, canadienses o asiáticos, (como sucede en algunos barrios de Singapur), en los cuales los ciudadanos tienen todos los servicios a su alcance en el bloque de viviendas donde viven. En estos macrobloques, los habitantes disponen de servicios centralizados (desde restaurantes, centros comerciales, teatros, boleras y cines, entre otros), así como parques y otras zonas verdes, siendo una especie de <<ciudad dentro de la ciudad>>, tal como describió el arquitecto americano Bertrand Goldberg su icónica obra Marina City Park de Chicago, un complejo de dos enormes torres residenciales equipadas con todos los servicios. 

A modo de conclusión, iniciativas como la «ciudad 15 minutos» suponen un cambio urbanístico radical respecto al modelo existente para el cual quizás no todas las urbes estén aún preparadas. Sin embargo, ofrecen interesantísimas posibilidades para diseñar ciudades más justas, sostenibles e inclusivas y ciudades como París, Melbourne o Portland ya se han dado cuenta de ello. Una reinterpretación del think global, act local para mejorar la calidad de vida y la salud de los ciudadanos, apostar por la sosteniblidad y repensar nuestras urbes. ¿Seremos capaces de aprovechar la oportunidad?